Monday, January 03, 2000 Confesiones Dolientes Altiva calmando fluyen en mí tus corrientes. Asomando en reflejos de perfecta armonía, calmabas mis miedos en noches ardientes, cual melodiosa lira cantándome poesías. Brindo por ti hoy, en la copa burbujeante, que destellaba mi luz, destellándome la vida. ¡Por tus pechos, regazo que posara mi frente, cual angelical rostro del ángel que suspira! Suspirando en mi ternura todos tus amores compartidos conmigo en tu falda de caricias. ¡En sus manos huellas de espinas de mis rosales, para que no me dolieran y me lastimaran nunca! Brindo por ti, alzo mi copa llena de madrigales, que alumbró mi cielo despertando mis mañanas. Cantando himnos diarios durmientes, celestiales, donde abrazos profundos de consejos y palabras. Brindo porque, aunque estés de mí lejana y ausente, tu imagen será relicario en mi piel estando grabada! Brindo por tus cuidados, quizás aún inconcientes. Adornabas de alegría mis angustiados pasos. Brindo por ti! Por tus sacrificios, por la sonrisa peremne de tus labios, por los ojos que me miraban como lucero en la lejanía cuando me envolvía algún día, latente triste, el quebranto. Desbordándose amor en demasía; brindándome tus brazos! ¡Brindo por ti mujer, la que guió por los caminos mi vida; la que en burbujas de besos alejaba de mis ojos el llanto! ¡La mujer que no podré jamás abrazar y besar nunca! Como ríos las corrientes de terciopelos fueron tus manos. ¡Brindo en mi copa recordándote, sutil vuelo de alondras, aún en mi soledad te sigo por los cielos de mis ilusiones buscando! Te busco por los rincones de mis ansiedades, donde se ahogan en silencio el pensar y el llanto. Cuando la primera lágrima se asome, es que aún te sigo esperando. Tribiales del alma los derroches; dolor mísero que duele tanto, telarañas que han ocultado en el tiempo mis reproches, espacio de las tardías noches donde esperaban silentes, acordes de los consejos, los que realmente se sienten; los que son sagrados. Brindo en la copa de mi vida. ¡Que, aunque estés hoy ausente, están tus besos grabados; como el tatuaje del primer beso que me dieras en mi frente para que el dolor, que duele, no doliera tanto! La que llenó mi vida de hermosos albores; la que sabiamente cubrió de miel a todos mis quebrantos. ¡Brindo por ti, la mujer; la mujer aquella que me guardó en su regazo; la que con hilos de esperanzas me tejió en el cielo con ternuras de la noche el manto! La que perfumó el jardín de mis amores con aromas de gardenias. La que, con laureles, coronó mi frente y alumbró mi camino para que no tropezase y cayera por los secretos abismos obscuros y crueles de la vida. La que al sol le robó su lucero, el más alto. Para que brillara en éxitos, mi vida. ¡Brindo por ti, con tristeza y alegría! Brindo por ti, mujer, la madre que yo quería. Brindo por mi madre la mía, solo la mía. ¡No brindo por la madre de mis hermanos! ¡Sino por la mía, la que me arrulló en cuna de nubes de algas del amor profundo que huellas en mí ha dejado; traspasando los umbrales míos, día a día; por los mares, la tierra y el espacio! ¡Brindo por ti, mujer, por la madre mía; la mía, no brindare jamás por la madre de mis hermanos! Brindo por los aposentos que aparentaban de la mente que dormía. La que, con magicos sueños, me alfombró la vida. Por ti, la flor de mi jardín preferida; la que en mi pecho dejó su flor florecida. ¡Brindo por la mía, por la madre mía! Por la que aún ando bucando todavía, la que secara mis ojos si el dolor mísero en agustia en mi ojos se asomara, por la que con prisa al dolor ella sonriente por mí atraparía. Alzo mi copa de burbujas que reflejan todavía madreselvas de sueños aún no olvidados. La que con faroles la vida me alumbraría alejando el frío con estrellas me arropara. ¡Brindo por ti, mujer, por la madre mía, la que que en mi pecho llevo como relicario! ¡Brindo por ti en la copa de alegría por ti, madre, en la imaginación mía, la que coronó de besos mis angustias con afán y sin reparos! Pero jamás brindaré por la madre de mi infancia ausente que, aunque mi alma esté hoy dolida, jamás yo brindaría por la madre que nada brinda. ¡Alzo mi copa en rabia y desdicha! ¡Jamás brindaría por la madre de mis hermanos! Brindo por ti, mujer, la de mi empeño; la que con ternura me apretó a su pecho. Brindo por ti, que aunque no me diste la vida, me diste ilusiones, esperanzas y sueños. ¡Brindo por ti, madre mía, pero jamás brindaría por la madre de mis hermanos aquellos! Por: Zuleika Merced ©Derechos Reservados 2000 amanecer50@hotmail.com Icq. 42129170
Reason for writing:
Just thinking of the children who wasn't raised by they birth mother but life gave them a marvelouse mother.
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